Alimentación complementaria limitada

Hola, hoy traigo un tema que nos altera a todes. Y es el momento en el que con la alimentación complementaria vemos que nuestro hijo come una variedad limitada de cosas. Entonces nos agobiamos. Queremos confiar y al mismo tiempo dudamos de toda esa confianza.

En éste momento nos asaltan mil y una dudas, mil y un miedos. Si además le sumamos las presiones familiares, sociales o médicas pues ya tenemos el combo perfecto para la aparición de la culpa y la temida sensación de que «soy una mala madre». A ésto le añadimos que sin pensarlo nos comparamos con otras familias, comparamos a nuestros hijos con otros. Lo cual a veces nos da luz, y otras nos sumerge más en nuestro propio pozo.

 

Pues hoy yo te traigo un rayo de luz en todo ésto que es la alimentación de nuestros hijos. Te animo a que confíes en ti, en lo que tú decides. Y sobre todo que confíes en tu hije, siempre que estés ofreciendo opciones saludables, y evites ofrecer «comida no saludable» que interfiera en su palatabilidad. Por si no sabes lo que es ésto último, aquí puedes ver de qué te hablo.

Voy a contarte lo que me acaba de pasar y para eso antes te cuento a grandes rasgos lo que hacemos nosotres. Mi hije mayor desde que nació su hermane comenzó a comer cada vez menos cosas, llegando al punto de comer cuatro cosas literalmente además de tomar teta. Siempre hemos intentado seguir ofreciendo la misma comida que para nosotros, y aceptábamos que no le apeteciese ni probar. Ni la pizza o las patatas fritas ha querido comer en algunas ocasiones. Vaya, nuestro panorama era desolador por momentos. Logramos enfrentarnos a nuestros miedos y sobre todo a reducir nuestra necesidad de control, perfección y expectativas. Entonces decidimos confiar en nuestro hijo y hacer ciertos cambios.

Les implicamos mucho más en el cocinado. Para ésto ha sido clave aprender a comunicar lo que necesitamos que haga y cómo (haciéndolo primero para que lo vea). También servimos la comida aunque no se vean interesades, y lo hacemos poniendo cada alimento/comida por separado (por ejemplo, si yo mezclo para mi el arroz con las lentejas, pues se lo sirvo separado para que puedan decidir qué quieren hacer). Y, lo más difícil, dejamos casi en cero el número de veces que traíamos a casa, «alimentos no saludables». Además seguimos sin cocinar nada especial si no quieren comer lo que hemos preparado. Pueden comer lo que haya hecho o fruta y verdura frescas.

Pues poco a poco han comenzado a interesarse más por probar cosas. Hoy sin ir más lejos el mayor me ha pedido desayunar uno de sus alimentos de base, el que hemos bautizado como hummusade, y es paté de olivas negras con legumbres cocidas, semillas de sésamo, semillas de chia, levadura nutricional y jugo de limón. No lo ha probado, lo cual me imaginaba que pasaría porque está pocho de la garganta, y siendo sincera, porque me ha quedado muy bien triturado 😳 Así que ha tomado leche de avena con miel y nada más. Hasta unas horas más tarde que me ha pedido cuatro zanahorias crudas. Y yo he alucinado, llevo días sirviendo zanahoria cruda entera y rallada. Y no la probaba, sí que la pelaba conmigo, la rallaba, la tocaba, la olía… Y al final después de unos días de trabajar con zanahoria en fresco y servirla así pues la ha pedido. Se ve que prepararla y echarla al guiso o la crema no hacía que luego se la quisiese comer, y que cruda pues sí. Yo ahora digo, «si lo se, la como cruda antes». Y es que no me apetecía cruda, hace años que no me apetecía cruda.

A lo que voy, es que somos su guía, y que quizás debamos ampliar nuestras variables para que ellos dispongan de opciones. O sea, es posible que no les apetezca lo mismo que a nosotros ni de la misma forma. Y no va a funcionar si lo hacemos especial para ellos y nosotros no nos lo comemos.

Encarna Llor